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Dulce añoranza de canquiña

Dulce añoranza de canquiña

Un deseo extravagante es antojarse de canquiña, un dulce delicioso que pone en valor la dominicanidad por su popularidad. Alargado, con unas partes más flexibles a modo de gominola y otras más duras, es aquel caramelo que a los dominicanos les evoca su más tierna infancia ya que nunca faltaba, décadas atrás, cuando la gente de los pueblos visitaban la capital.

 

Se vendían en las estaciones de autobuses y en las paradas de estos en las diferentes provincias. Y es que como dicen algunos el adulto que cuando niño no degustó este dulce no tuvo una infancia completa. Las canquiñas forman parte incluso, de las añoranzas de los dominicanos residentes en otros países cuando evocan los recuerdos de su tierra natal.
Nada alegraba más a un niño que escuchar una campana o el sonido que hacían los pregoneros al hacer sonar su bandeja con el cucharón o el cuchillo con el que servían o cortaban sus dulces. Esa era la señal que les alertaba para ir corriendo hacia sus padres, tíos o abuelos a pedir unos centavos para comprar una canquiña y degustarlo con calma y paciencia con los amigos.
Hoy en día son pocos los lugares donde se pueden encontrar las clásicas canquiñas, este dulce preñado de sabor que siempre viene envuelto en papel de rayas transversales.
Porque República Dominicana es por antonomasia una tierra dulce, abundante en el cultivo de la caña y por ende del guarapo, es normal que el aroma de la melaza se impregne en todo el país. Así en la fertilidad de las grandes plantaciones, la industria del azúcar está arraigada a la de la propia cultura y a la de los dulces, como el caso de este.
Su elaboración es sencilla, con sólo unos pocos ingredientes, leche de coco, azúcar crema, unas gotas de limón y algo de vainilla para aromatizar. El secreto de su apetecible color blanquecino se encuentra en el gesto de estirar repetidamente la masa colgada y tibia hasta que clarea. Su forma final de vara (rama de una planta) hace que en el argot popular se use para mencionar al que recibe una paliza. También la emplean como una forma jocosa de llamar al sexo.

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TEXTO: Alana Fernandez; IMAGENES: Archivos

 

Etiquetas: Tradiciones

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