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El Operito

La leyenda del Operito, Los seres sin ombligos que daban suerte en las cosechas

Seres fantásticos nacidos de la unión de las extintas culturas indígenas y los colonos españoles, el operito, forma parte de esta mitología propia con atributos específicos. Un ser que según la tradición tenía una complexión juvenil, pelo lacio y canoso, ojos saltones, nariz y barbilla curvas y un estómago bien pronunciado pero cuidado de ombligo.

Asiento del alma, punto de mayor espiritualidad en la anatomía o el llamado tercer ojo como llama el movimiento religioso de los hesicastas, el ombligo es la unidad que se vincula al feto con la madre, ya través del cual se reciben los alimentos. Dotado de numerosas funciones simbólicas como el cuerpo del cuerpo o el nexo entre el hombre y la naturaleza, que estos seres extraños no lo atesoraran en su fisonomía, representaba un misticismo que estaba por encima de lo terrenal.

Para los antiguos pobladores de la isla, todo lo extraordinario en la naturaleza tenía una esencia espiritual, la cual desempeñaba un papel activo en la existencia de lo que rodea. El operito transitaba por los viejos bosques y lugares inhóspitos desde donde emanaba su poder. Una fuerza que según los viejos cantantes, los pájaros cantaban y elogiaban con júbilo.

Un ser mítico dirigido por jefes superiores espirituales, que actuaba como agente de suerte y prosperidad. De ahí que, para cumplir con sus propósitos, está dotado de diversos poderes mágicos para favorecer la palabra de campesinos y agricultores.

Los más afortunados tenían la oportunidad de verlos tanto flotando en el aire como en el agua antes de la cosecha, para preparar una abundante y fructífera colecta de víveres o frutos. La fuerza humana del ojo y el cambio de su bendición, obliga a los agrimensores a tres cuestiones: rendirles de las tierras en los campos, venerar a los caciques de cada comunidad y guardar la paz.

El operador fue encargado de la buena cosecha fuera del sello del agricultor para otros como él y ennobleció la necesidad de replicar sus buenos comportamientos para el campo y el respeto a sus semejantes. Seres que recordaban al pueblo que al igual que la buena cosecha, en la vida, falta de buena semilla, buen abono y riego constante.

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TEXTO: Elena Crespo ; IMÁGENES: Suresh
 

Etiquetas: Tradiciones

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