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Merengue dominicano

Merengue dominicano

La Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) ha declarado recientemente al merengue como patrimonio inmaterial de la humanidad, algo que ha llenado de júbilo al país y a los cantantes que representan este género musical.

No existe un acuerdo sobre la fecha exacta de su nacimiento, solo se sabe que el merengue se escuchó por primera vez en la región del Cibao, la cordillera central de República Dominicana, a mediados del siglo XIX. En sus orígenes coincidieron instrumentos aportados por las tres primeras etnias que se cruzaron en la isla: la tambora africana, las cuerdas españolas y las maracas, que evolucionaron al guiro de bangaño. Los conocedores de este ritmo, dicen que el merengue es singular por su alegría intrínseca, porque es un baile de pareja, por su estructura musical única y por último, por la diversidad de sus líricas que recorren el amor y el desamor, el romance campesino, los cantos épicos o las denuncias sociales.

En la década de los 30, el merenguero Toño Abréu puso de moda muchos temas pegajosos, que destacaban por sus letras ácidas e irónicas. “Cuando Trujillo era guardia, el teniente le decía que él iba a ser presidente pa’ acabar la ñoñería”. En los 31 años de Dictadura, el merengue se convirtió en instrumento político para captar la simpatía de las clases más humildes que no tenían acceso a los géneros y modas internacionales como el boom del boogie-woogie.

La paternidad del merengue se le atribuye al músico y coronel Juan Bautista Alfonseca Baris. También a Francisco Antonio Lora Cabrera, conocido como Ñico Lora. Este último aprendió a tocar el acordeón a través de la pericia de su abuelo de origen francés, que arribó a la isla con las tropas comandadas por el general Leclerc. La banda de la Marina de Guerra fue la cuna de aprendizaje de Félix del Rosario, otro de los grandes padres del merengue. Con su conjunto "Félix del Rosario y Sus Magos del Ritmo", destacó por la influencia de la bossa nova y el jazz en sus composiciones. De ahí su tema Carmen, una fusión de guaracha con jazz latino.

La orquestación tradicional la inició el músico Luis Alberti, a partir del formato Big Band, incluyendo trompetas, trombones y saxofones. En los años setenta fueron muchas las agrupaciones exitosas que marcaron una generación, como la orquesta Los Paymasí, grupos de marcado sentir popular con el patrón rítmico de la tambora con mucho más protagonismo.

Actualmente, el merengue sigue siendo insignia de la cultura dominicana. Con respecto a la parte instrumental, el saxo barítono y el trombón de varas han desaparecido prácticamente, por una parte, porque no abundan quienes los ejecuten y segundo por motivos económicos. Una transformación que ha promovido su evolución hacia nuevos conceptos y formas. Identidad musical que perdura en el tiempo y que más allá de un ritmo o un cántico, se ha convertido en un símbolo de la historia de un pueblo y de su futuro.

TEXTO: Alana Fernández; IMÁGENES: Archivo

Etiquetas: Tradiciones

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