BACANA MAGAZINE hotel occidental punta cana
BACANA MAGAZINE hotel occidental punta cana
BACANA MAGAZINE hotel occidental punta cana
BACANA MAGAZINE hotel occidental punta cana
La magia de un Lápiz

La magia de un Lápiz

En los monasterios de la Europa medieval dedicados a la copia de manuscritos, los monjes marcaban el papel con tinta utilizando una especie de brocha llamada penicillum, parecido a un pincel. Algo nada novedoso, si tenemos en cuenta que los romanos usaban para tal fin una caña con pelos de animal recortados. No es  hasta el primer tercio del siglo XVI, cuando el pintor y grabador alemán Alberto Durero inventa algo más parecido a un lápiz: una barrita de plomo y cierta aleación de estaño llamada punta de plata, cuya marca se borraba con miga de pan. Algunos historiadores dicen que Josef Hardtmuth, de origen austríaco, hijo de un carpintero, es el responsable de su aparición. Descontento con la baja calidad de los utensilios de los que entonces se disponía para escribir, tuvo la ocurrencia de mezclar arcilla con polvo de grafito, tras muchas pruebas logró determinar el grado de dureza del lápiz, y en 1792 fundó su propia empresa en Viena.

Sin embargo, para obtener lo que hoy consideramos un lápiz, tuvieron que hacerse previamente muchos descubrimientos.

Podríamos decir que el lápiz nació como Frankenstein, gracias al fortuito rayo de una tormenta que cayó sobre un roble gigante en el humilde pueblo de Borrowdale, en Cumberland, Inglaterra, cerca a la frontera con Escocia, en 1564. Al principio se pensó que aquella sustancia era una clase de plomo, y se le llamó plomo negro o plumbago. Su uso principal era el de marcar ovejas. En poco tiempo, el rumor de la existencia de una roca capaz de pintar se extendió por el resto de Europa. Incluso permitió al estratega Luis XII, en Francia, desarrollarlo para que su séquito y corte real, lo utilizaran en sus fiestas privadas.

Inglaterra mantuvo el monopolio del plumbago durante siglos hasta que en 1662, los alemanes consiguen mezclar grafito en polvo, azufre y antimonio para crear unos palos similares a los de los lápices ingleses, aunque de inferior calidad. Fue en la década de 1760 cuando la compañía alemana Faber fundó una fábrica en la ciudad de Nuremberg, Alemania, para la producción a gran escala.

 

Etiquetas: Sabías que...

ga('send', 'pageview');