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Beber agua de forma inteligente

Beber agua de forma inteligente

El agua es un elemento esencial de la Tierra y tres cuartas partes representan su supremacía en nuestro ecosistema. Las aguas minerales naturales tienen un factor común: son puras en origen pero su composición mineral varía en función del tipo de roca por donde se filtra, el tiempo, la profundidad y temperatura durante su recorrido por el subsuelo.

Su propia naturaleza hace que discurra por los estratos subterráneos y que las sales procedentes de las rocas se vayan adhiriendo en forma de aniones y cationes, alianzas químicas que, mayoritariamente suelen ser cloruros, bicarbonatos y sulfatos, en el caso de las primeras, y sodios, potasio, magnesio y calcio, en el caso de las segundas. ¿Eso qué quiere decir? Que el sabor del agua varía. Puede ser más salada, amarga o dulce según van aumentando las concentraciones químicas.

Las etiquetas de todas las aguas minerales embotelladas especifican estos datos concretos. Ahora bien, estas variaciones en la composición química del agua no son adecuadas para todo tipo de personas. De ahí la importancia de conocer sus atributos y elegir la más acertada.

Saber elegir el agua más apropiada en función de nuestras necesidades vitales refleja nuestro nivel de cultura hidrológica. El doctor Maraver considera el agua como cualquier alimento saludable, conlleva un gasto pero garantiza lo que va a consumir nuestro organismo.

En el laboratorio, los diagramas Piper y Still sirven para comparar de manera visual las distintas aguas minerales. Principalmente se distinguen tres tipos. Aquellas de mineralización muy débil, cuyo residuo seco es inferior a 50 miligramos por litro, las de mineralización débil, con residuo seco superior a 50 miligramos por litro pero inferior a 500 miligramos y las de mineralización fuerte, es decir, las que su residuo es superior a los 500 miligramos. Como norma general, las aguas de mineralización muy débil son aptas para todo tipo de personas, desde bebés a personas con problemas renales o de hipertensión.

Según el tipo de mineral predominante en el agua, esta puede ser: cálcica, es decir, aquella que favorece la estructura ósea y ayuda a compensar las pérdidas de calcio, se recomienda por ello, a niños, mujeres embarazadas y personas mayores. El agua también puede ser bicarbonatada, ayudando a la digestión y neutralizando el exceso de acidez, está indicada para personas con cálculos renales siempre y cuando sean bicarbonatadas cálcicas. Las sódicas deben evitarse, sobre todo, por aquellos que sufren problemas de riñón, de retención de líquidos o hipertensión. En el caso del agua magnésica, es ligeramente laxante y favorece a la recuperación muscular después de un esfuerzo intenso. A veces se incluye el agua fluorada, refiriéndose a la que contiene más de un miligramo por litro de flúor. Es aconsejable para prevenir problemas dentales como las caries pero hay que tener un control de su consumo en el caso de los niños, porque no deben tomar exceso de este elemento químico.

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TEXTO: Alana Fernandez; IMAGENES: Archivos

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