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Decir NO

Decir NO ¿Qué piensan de nosotros si decimos no?

No, es una palabra que cuesta mucho introducir en nuestro vocabulario, la sociedad en general le ha otorgado connotaciones bastante negativas.

Desde muy pequeños nos enseñaron a obedecer órdenes, nos educaron a base de reglas a seguir, era según la creencia general, la mejor manera de conseguir que fuéramos personas educadas y de provecho. Así que de entrada, la primera clasificación entre los que eran “buenas personas” y los que eran “malas personas” era clara, los que hacían caso sin rechistar a las órdenes y reglas y los que no hacían caso de nada.

Por ello, la mayoría de las personas se educaron para ser “buenas personas”, es habitual escuchar en alguna conversación “es tan buena persona, no se queja de nada, todo le parece bien, da gusto con él o ella…”. Te propongo que en este momento hagas el ejercicio de cerrar los ojos y pensar en una o varias personas que conozcas y creas que están dentro de este grupo de “buenas personas”, ¿ya has pensado en una, dos, muchas más?, escribe en un papel una lista con el nombre de estas personas. Bien, seguimos… Tener una conversación profunda con este tipo de personas suele dejar al descubierto sus propias necesidades sin cubrir y el miedo a decir lo que piensan por no molestar a los demás, en ese caso podrían entrar en la categoría de “malas personas” y tendrían que dejar de ser lo que siempre han sido y para lo que les educaron.

Vivir sin cubrir nuestras propias necesidades a largo plazo crea frustraciones e incluso enfermedades, entender que la primera persona con la que debemos tener una relación sana es con nosotros mismos es el primer paso para emprender un camino hacia una relación sana con los demás. Cambiar la creencia de que dejaremos de ser “buenas personas” si comenzamos a establecer límites basados en nuestras propias necesidades internas y poder decir “NO” sin temer las reacciones de nuestro entorno, es el segundo paso hacia la honestidad con nosotros mismos.

Solo siendo francos con nosotros mismos y con nuestras necesidades podremos serlo con los demás, si creamos los mecanismos necesarios en nuestro interior para entender y considerar lo que nos pasa y como nos sentimos, seremos capaces de entender y aceptar de manera tranquila las necesidades y sentimientos de los demás, entenderemos sus límites de la misma manera que entenderemos sin sentirnos mal los propios.

Las “buenas personas” no son las que dicen a todo que sí, a las que todo les parece bien, las que esperan que otros averigüen sus necesidades y les escuchen cuando ni ellos mismos se paran a escucharse, es un concepto erróneo que ha llevado a muchas personas a sentirse infelices en sus vidas buscando la aceptación de los demás a costa de sus propias necesidades y anhelos, las “buenas personas” son personas honestas con ellas mismas y con los demás, establecen lí- mites en sus vidas, cuidan de sí mismas a la vez que cuidan de los demás, se sienten seguras de sí mismas y son capaces tranquilamente de aceptar y dar un NO por respuesta. Revisa tu lista inicial de “buenas personas”, ¿cambiarían ahora los nombres de esa lista? ¿te encuentras entre alguna de ellas?

TEXTO: Silvia Jiménez (Personal Coach) ; IMÁGENES::Archivo

Etiquetas: Mente y Cuerpo

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