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REPÚBLICA DOMINICANA El refugio de los judíos tras la Segunda guerra Mundial

REPÚBLICA DOMINICANA El refugio de los judíos tras la Segunda guerra Mundial

“Quien salva a una persona, salva al mundo entero” es el mensaje que preconiza con entusiasmo el Talmud, el libro sagrado de los judíos, sobre leyes, tradiciones, y costumbres.

Un mensaje que se constató en hechos cuando, a finales de los años 30, los judíos que abandonaban una Alemania, asediada por las zarpas del nazismo, buscaron refugio y protección en República Dominicana. En
concreto, el amparo de la bahía de Sosúa, al noroeste de la isla, donde alrededor de seiscientos hombres y mujeres de origen austriaco y alemán, encontraron un cálido abrigo. A priori, el número parece considerable pero estaba muy por debajo de los cien mil que el dictador Leónidas Trujillo, presidente del país en aquel momento, aspiraba a reasentar. Una decisión que había tomado tras la conferencia de Evian que, el presidente Roosevelt encabezó en 1938, y que parafraseando a Haím Weitzman reflejaba el sentir de un contexto internacional dividido en dos bandos “uno formado por los países que expulsan a los judíos y el otro por los que rehúsan admitirlos”. Una bipolaridad extrema donde los países del llamado “Mundo Libre”, desde Estados Unidos hasta Austria, se empeñaban en imponer férreas leyes migratorias, y en la que, paradigmáticamente, República Dominicana fue la única nación que tendió la mano de socorro.

Para quien se está ahogando y le tiran un salvavidas, sobran las motivaciones de esta gesta, lo que es una realidad, es que concluida la conferencia de Evian, la “The American Joint Distribution Committee” y la  “American Joint Agricultural Corp.”, dos instituciones judías norteamericanas de caridad, formaron la “Dominican Republic Settlement Association, Inc.”, que se llamó la Dorsa y que negoció con el gobierno dominicano un acuerdo que garantizara a los colonos la libertad de religión, facilidades legales con respecto a leyes migratorias y exenciones de impuestos y de tributos aduaneros. Aproximadamente 23 mil acres de tierras despobladas en la costa norte, cultivadas con plátanos y guineos, se convirtieron en hogar de estos inmigrantes que no tenían experiencia en las labores del campo. Jóvenes de no más de 25 años, que arribaron a Sosúa con el miedo adherido en las entrañas y que, como refugiados políticos, recibieron recursos para establecer una colonia agrícola comunal, al estilo de los kibutzs. Su conocimiento de la tecnología europea y su visión empresarial les condujeron a crear su propia comunidad que incluía importantes adelantos técnicos como acueducto, sistema sanitario, clínica, farmacia, escuela, sinagoga, teatro, periódico, tiendas y hasta banco.

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TEXTO: Elena Crespo; IMAGENES: Archivos

 

Etiquetas: Historia

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