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La Leyenda del Santo Cerro

Vencedores y vencidos escriben los libros de historia, hablando de heroicas batallas y situaciones extremas que desencadenan las conquistas. Muchas veces es difícil averiguar los hechos que ocurrieron de forma fehaciente pero a través de la tradición oral se puede conseguir acercarnos lo más posible a los hechos, como el caso de la primera batalla entre europeos y amerindios en la batalla del Santo Cerro, en marzo de 1495.

Corría el 14 de marzo, cuando Cristóbal Colón y doscientos soldados de infantería españoles y un número incontable de taínos del cacicazgo de Guacanagarí, llegaron a un lugar conocido como Cerro Santo, un poco más al noroeste de la actual ciudad de La Vega. Habían dejado el poblado de La Isabela, en la costa norte, y se habían dirigido hacia el Paso de los Hidalgos con destino al cacicazgo de Guarionex, en el corazón de la montaña central del Cibao.

El grupo dirigido por Colón, buscaba detener los crecientes ataques indios contra los españoles y establecer un punto de apoyo en esa región aurífera donde hasta ese momento, sólo tenían una pequeña fortaleza.

El cacique taíno que les había dado más problemas hasta la fecha, Caonabo, había sido capturado y puesto a bordo de un barco para ser juzgado en España. Sin embargo, los ataques no se habían detenido y el hermano de éste, Manicaotex, ahora embestía contra la estructura española.

Los españoles eligieron el Santo Cerro, un montaña alta y escarpada en el extremo norte de la Cordillera Central, para enfrentarse a este nuevo líder. Sin embargo, fueron diezmados por número y valía. En la noche, rogaron y rezaron, temiendo que al amanecer corrieran una muerte segura en la batalla. En las primeras horas después de la caída de la noche, los indios trataron de quemar sin éxito, la cruz que portaban los españoles. Frustrados, intentaron cortar la cruz hacia abajo con sus hachas de piedra, pero tampoco lo consiguieron.

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TEXTO: Elena Crespo; IMAGENES: Archivos

Etiquetas: Historia

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