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Monseñor Nouel, el noble que se convirtió en Arzobispo de Santo Domingo

Monseñor Nouel, el noble que se convirtió en Arzobispo de Santo Domingo

Decía que la piedad, la instrucción y la prudencia debían ser valores que rigieran la vida de cualquier persona. Así, Monseñor Nouel afirmaba en muchas de sus epístolas, con sus ojos firmes ante el crucifijo, según reflejan los Archivos Nacionales de la Nación, que su mayor recompensa era el bienestar de las almas.

Un discurso asceta y pródigo que lo llevó a dirigir el Arzobispado de Santo Domingo y a llegar a ser presidente de República Dominicana entre 1912-1913. Motivos con suficiente peso para que una de las 31 provincias del país, lleve su nombre.

Adolfo Alejandro Nouel y Bobadilla nació el 12 de diciembre de 1862. Su padre, Carlos Rafael Nouel, como presidente de la Junta Central de Santo Domingo, durante la guerra de Independencia contra Haití, adquirió relevancia política y desempeñó más tarde el cargo de ministro durante la presidente de Pedro Santana. En el caso de su madre, Clemencia Antonia Bobadilla, descendía de la nobleza francesa arraigada en las islas del Caribe. Después de un fructífero matrimonio de diez hijos, murió a temprana edad por una grave enfermedad.

Adolfo Alejandro comenzó su formación en el colegio de El Estudio, de Santo Domingo, y continuó su formación en el seminario de la capital dominicana. Antes de ir a estudiar en el extranjero, fue discípulo de Arzobispo Meriño, figura de personalidad única, insuperable por su versatilidad, talento, inteligencia, astucia, genio, autoridad y don de mando. 

En Italia, continuó su formación en el Colegio Pío Latino durante diez años, destacándo como uno de sus más brillantes estudiantes. Su Doctorado en Filosofía y su licenciatura en Teología y Derecho Canónico en la Universidad Gregoriana, le dieron las herramientas necesarias para tener una cosmovisión del mundo, le permitió regresar al país con la suficiente preparación y acompañado por Monseñor Meriño para recibir el sagrado orden del sacerdocio en la Catedral de Santo Domingo. Realizó una importante labor evangelizadora en cuba y Puerto Rico desde su puesto de delegado apostólico. Como Vicerrector del Seminario Conciliar de Santo Tomás de Aquino impartió clases de Filosofía, Teología y Latinidad.

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TEXTO: Elena Crespo; IMAGENES: Suresh/Archivos

Etiquetas: Historia

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