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Postales de República Dominicana

Fotos de un época: Cartas desnudas

Una foto nos descubre los tiempos y nos presenta a los personajes de una época que se pintaba de blanco y negro. La ausencia de los colores del arcoíris en los inicios de esta maravilla protectora de los recuerdos, nos dejó a la imaginación el vestirlos de otros tonos.

El año 1851 marcaba el inicio del maravilloso mundo de la fotografía para República Dominicana.

Posar ante un fotógrafo suponía seguridad y no abusar de la paciencia del profesional cuando repetir la toma significaba empezar de nuevo. Hoy el lenguaje es diferente, los números de la fotografía digital aplastan por cifras incontables la imagen impresa. Decadente para algunos pero tan sentida para otros, que ni la ventaja de los selfies como justificación a las soledades momentáneas, la llevarán a la cocina de la Cenicienta.

Las fotografías reales se utilizaron para hacer las tarjetas postales a fines del siglo XIX y dicha tendencia siguió en auge hasta la primera mitad del siglo XX. Se encuentran en colecciones íntimas muchas tarjetas postales únicas, personalizadas y guardadas en los cajones empolvados del tesoro familiar. El anverso de la tarjeta perfectamente seccionado en dos partes recogía a la izquierda el sentimiento personal, (diríamos que el lado fijado para el corazón) y a la derecha se reservaba el lugar para el nombre y la dirección del destinatario. La ilustración por su parte era la protagónica en toda la cara principal y el no requerir sobre para su envío lucía la desnudez del que no lleva más ropa que la piel. Con esta modalidad la postal, gozó de años de prosperidad y llegó a convertirse en uno de los medios de comunicación más populares del mundo.

El papel de revelado de fotos podía contener en los años 20 las características usuales para el franqueo de sellos y la escritura, por lo que era factible poder hacerlas en casa.

La postal dominicana de blanco y negro o de sepia se imprimió en sus inicios en Alemania. Luego en los años veinte fue frecuente su coloreado y hasta la década de los 40 del siglo XX no le llegó el color totalmente. Se convertían en los retratos del país y la ilustración de la cotidianeidad dibujada en cartón fino.

Hoy en día sigue siendo un medio de transporte que nos lleva a parajes increíbles del mundo, nos eterniza las historias de los pueblos y nos baña de la más variada multiculturalidad del universo humano. No llevan sobre y traslucen las emociones del remitente. No solamente el destinatario se recrea visualmente, pues la cadena humana que intervine en la entrega, goza de la foto y del sentimiento escrito aún cuando no le pertenezca. El deseo personal de compartir con alguien no está reñido con la curiosidad del cartero.

Postales que constituyen un poemario, es parte de la obra artística del joven poeta dominicano Frank Báez. Galardonado con el Premio Nacional de Poesía Salomé Ureña en el 2009, en su libro nos entrega los textos que se ajustan a los mensajes de tan personal correspondencia poética. Enorme sentido de la creatividad y una forma más para confirmar que con “ Postales” se atesora la poesía en cartulinas imaginarias.

Yo me propuse desvestir el lenguaje y presentar postal tras postal de la manera más cruda e hiriente posible. Pienso que “Postales” es la parte de desnudos del libro; la parte que es más incómoda de leer, no por la forma sino por el contenido; la parte que si hubiera censores literarios, le pondrían restricción para mayores de 18 años.

“Nueve semanas sin verte y somos los otros amantes, los que están separados y distantes y se sientan descalzos en salas vacías, en muebles, en sillas y escriben tratando de tocar el poema como si tocaran el cuerpo ausente.“

Frank Báez, “Postal desde Pilsen”, “Postales”

TEXTO: Tatiana Antelo; IMÄGENES: Suresh.

Etiquetas: Historia

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