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Aisha Syed Castro

Aisha Syed Castro, la violinista prodigiosa

El maestro japonés Masaaki Suzuki, director, organista y clavecinista dice que se necesita fe cristiana para tocar Bach de una manera profunda.

Aisha Syed Castro sintió la profundidad de este gran compositor con tan sólo cinco años, mientras escuchaba a su hermana tocar el violín con composiciones de este genio cumbre del arte musical barroco y del que Anton Webern dijo que toda la música se encontraba en él y el mismo Schönberg subrayó que las audacias tonales del alemán abrieron el camino a la disolución de la tonalidad, acontecida dos siglos después “Me enamoré de la sonata y partitas para violín de Bach y a los siete años tuve claro que era lo quería hacer el resto de mi vida. Para mí no había nada más hermoso que tocar el violín”.

Para la violinista Aisha Syed, su relación con este instrumento es su forma de expresarse como ser humano y la forma de conectar con otros. “Es muy importante que lo que hagamos tenga propósito. El violín ha sido mi voz para la sociedad”.

A los once años, la Orquesta Sinfónica Nacional la acompaña en su puesta en escena como solista. La responsabilidad era muy grande, ejecutando el concierto en sol menor de Max Bruch, compositor y director de orquesta alemán de la época romántica de la música clásica. “Era el 60 aniversario de la Orquesta Sinfónica Nacional y estaban presentes Hipólito Mejía, Presidente de la República en aquel entonces y los más importantes referentes de la sociedad dominicana“.

El éxito indiscutible de esta gran audición le lleva a Londres con solo trece años. El reto era poderoso: ser aceptada en la escuela de niños prodigio Yehudi Menuhin School. Un espacio elitista creado para proporcionar a mentes maravillosas, entre ocho y 19 años, una base rigurosa en el análisis musical académico y de alguna manera permitirle a cada uno encontrar su propio lenguaje distintivo. “Mi madre me acompañó a la audición. Estaba muy ilusionada. Fue como un milagro ser aceptada. Fui la alumna número 65 y la primera latina, entre una mayoría de rusos y asiáticos, en ser admitida“. Interna en la Yehudi Menuhin School estuvo siete años aprendiendo que la música era un lenguaje que iba mucho más allá que cualquier palabra pero también hubo un periodo de adaptación a sus compañeros y a un entorno altamente competitivo. “Fueron muchas vivencias, compartir las ideas sobre las diferentes interpretaciones pero también los mismos problemas de sentirse solo, el no saber hablar inglés al llegar. Éramos una comunidad pero también sumamente competitivos“.

El Comité de Damas inglesas financia sus estudios universitarios en el Royal College of Music en Londres donde fue galardonada con la beca completa Soirée d’Or. “Graduarme en la universidad me abrió puertas gigantescas y sobre todo, haberlo hecho con beca completa. Me dio respeto musicalmente hablando“.

Por eso, Aisha llevó a la sala Carlos Piantini del Nacional en sus 15 años de carrera artística un repertorio musical que marcó su vida artística de manera positiva con temas de sus álbumes “Pasión Latina” “Virtuoso Sarasate” y “Martinatis Concierto para violín número 2”, este último bajo el sello discográfico Londinense Clasical Media. “Estoy muy agradecida por mi formación pero lo más importante para mí es representar a mi país y que eso la gente lo vea“.

A sus 27 años recopila una vasta participación en festivales internacionales como el Yehudi Menuhin International Music Festival en Gstaad, Suiza; el Gaida Contemporary Music Festival, donde el laureado compositor Alguirdas Martinaitits, le dedicó su concierto para violín, en el National Philarmonic Hall con la Lithuanian Chamber Orchestra en Vilna, Lituania y en el Abu Dhabi Festival. “He tenido el honor de estar en festivales internacionales con celebridades del mundo de la música clásica pero también otros lugares donde la música no llega, como cárceles y escuelas públicas“.

La faceta social de la violinista no escapa a dudas. Actualmente con figuras como Carlos Vives, es junto al maestro Gustavo Dudamel Embajadora de LEALA organización estadounidense fundada para promover los valores culturales Latinoamericanos y el leguaje del Español en Estados Unidos. “Todo el arte está conectado. Si podemos ser punto de referencia en Estados Unidos tenemos que asumir ese compromiso. En Cuba por ejemplo, visité la Escuela Nacional de Bellas Artes y el Conservatorio Miguel Roldán y me sorprendió la cantidad de jóvenes que quieren dedicarse a la música clásica “.

Investida a los 24 años por la Universidad Autónoma de Santo Domingo como Profesora Honoraria de la Facultad de Artes, preside la fundación "Music for Life" que busca llevar la música clásica a aquellos a los que se lo impiden las situaciones sociales, económicas o de salud. Asimismo es embajadora de buena voluntad para la promoción cultural de República Dominicana: “Llevar la bandera dominicana alrededor del mundo me llena de orgullo. Representar a esa diáspora me llena de satisfacción“.

En los premios Soberano, ha ganado la categoría de música clásica en cinco ocasiones: “Me han nominado desde los 17 años. Eso es importante porque hay una visibilidad de la importancia de la música clásica pero a nivel gubernamental deberían intentar que todas las escuelas tuvieran la música como materia obligatoria“.

A caballo entre sus giras internacionales en Europa y Estado Unidos, paseándose por los más importantes escenarios del mundo, regresa a Santiago, la Ciudad Corazón, dónde mejor se siente: “La calidad de vida es buena. Es un lugar maravilloso. La verdad que mi país lo tiene todo. Me ha impactado en mi gira nacional la zona sur, la belleza de provincias como Santiago Rodríguez o San Francisco de Macorís“.

Asegura que en una generación como la suya, en la que todo cambia constantemente, los jóvenes han de tener acercamiento a la música clásica para aprender valores sólidos. “La música clásica te enseña paciencia porque hay que escucharla cuidadosamente. No es una armonía que se repite y eso te permite concentrarte y no tener mentalidad de microondas. Mentalidad de querer aquí y ahora“. Trabaja incesantemente en un vasto repertorio que no le deja tiempo para prácticamente nada. Casada con un economista, ciudadano norteamericano y profundamente arraigada a sus convicciones religiosas, Aisha vive la música en constante connivencia con la fe.

“El poco tiempo libre lo dedico a escuchar piezas de esos mismos compositores para extraer un análisis intelectual de lo que en esencia el compositor quería transmitir. También escucho música cristiana en mi tiempo de oración y de lectura bíblica. Me encantan los himnos como forma de alabar a Dios“.

TEXTO: Elena Crespo ; IMÁGENES: Archivo

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