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Limón

Limón

La Royal Navy lo condecoró, y todos los marineros del mundo le estarán agradecidos. Porque James Lind se dio cuenta que bastaba añadir algo de jugo de lima a la dieta de los navegantes para que el escorbuto no diera señales de vida. Eran mediados del siglo XVIII y el mé- dico escocés andaba embarcado en el Salisbury.
Unos años más tarde, Lind convenció al famoso Capitán Cook para que nunca faltaran limones en sus viajes y así, los buques que pasearon por el Pacífico Sur cargaron en sus bodegas más frutas que un vergel. Su obra, el “Tratado sobre la naturaleza, las causas y la curación del escorbuto”, cambió la vida de todo lobo de mar. Pero no fue solo eso, una mejora en la higiene de los navíos, la ropa limpia para los tripulantes y las fumigaciones periódicas de las cubiertas fueron otras de sus sanitarias aportaciones a la armada de Su Majestad.
 
Otro célebre marino que añadió limones a la dieta de su tropa fue Sir Francis Drake. El corsario, traficante y amante (no declarado) de Isabel I decidió –por recomendación del boticario de a bordo- añadirle limones a la “taifa”, el destilado de caña precedente al ron. Así no solo logró rebajar el desagradable sabor del aguardiente, sino que consiguió una tripulación menos alcoholizada y sin escorbuto. Pero la historia del fragante limón se remonta a mucho tiempo atrás. Originario de la Península de Malaca (Malasia) pronto se extendió por Egipto y Persia gracias al tráfico de caravanas. Parece ser que llegó a Europa de manos de Los Cruzados en el siglo XI; a la Península Ibérica la introdujo el Islam y pisó el Nuevo Mundo con el segundo viaje de Colón.
 
Ahora, una vez conquistado el planeta, crece en toda tierra de templado clima. Con diferentes especies y nomenclaturas es ingrediente indispensable de marinadas, ceviches o vinagretas, y su particular perfume da carácter a bizcochos, cremas, dulces y helados.
 
Alma del mojito, la caipirinha o el daiquiri, bajo su mágica acidez se han escrito las más brillantes historias. Si no que le pregunten a Hemingway.
 
TEXTO: Kiko Casals; IMÁGENES:Anita por el mundo

Etiquetas: Gastronomía

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