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José Luis De Ramón

José Luis De Ramón, el influenciador de políticas económicas

En el año 1976, España despertaba del franquismo a caballo entre la polémica en los cambios en el cine, con varios desnudos femeninos integrales y su participación en festivales musicales como Eurovisión donde Braulio y “Sobran las palabras” quedaba en el decimosexto puesto, al tiempo que “Libertad sin Ira” de Jarcha inundaba las emisoras de radio.

En esta coyuntura social, política y económica José Luis De Ramón llega con su familia a Santo Domingo desde Valencia, la ciudad donde el Cid Campeador levantó su señorío. Una urbe preñada por paisajes de albuferas y el mar Mediterráneo. “Mi padre vino contratado por una empresa española que estaba construyendo una presa en San Juan de la Maguana. Era un proyecto de cinco años”.

Con 16 años, una educación estricta de los salesianos, superada una dura reválida y con su título de bachillerato superior, a José Luis le recibe en Santo Domingo, una universidad muy activa políticamente, influenciada por los movimientos comunistas que se estaban desarrollando en Latinoamérica. “Fue un salto cultural muy interesante. En España Franco acaba de morir y lo poco que sabía del mundo estaba filtrado por la censura. Fue un despertar, descubrir algo que no imaginaba que existía”.

Estudia intensa y apasionadamente economía y se gradúa de la universidad a los diecinueve años. El INTEC le da la oportunidad de impartir clases como profesor titular de Economía. La sensación de que la vida se está acelerando repunta cuando se casa tras un corto noviazgo y tiene a los veintiséis años su primer hijo. “Trabajaba como consultor financiero en una firma local cuando Bank of América me planteó una oferta para trabajar en España pero pensé que con mi título de economista podía alcanzar mayores metas aquí. Mientras mis compañeros aún no habían terminado la Universidad y no podían tener una pareja estable por falta de un horizonte cercano, yo tenía mi vida personal y profesional encaminada.Quería saber dónde estaba mi cielo“.

En el año 1986, sus dos hermanos se habían hecho profesionales y él estaba casado. Esto y que su padre inició su propio negocio cambió radicalmente el proyecto de vida de los De Ramón que pasaron a construir en la isla lo que sería la vida de toda la familia. “Por aquel entonces me incorporé como asesor del Ministerio de Industria y escribía en los periódicos, por eso, decidí nacionalizarme. Soy el único nacionalizado dominicano de la familia. Sentí que era lo adecuado si había decidido emitir mis juicios de valor sobre República Dominicana“. Decía Juan Rulfo que cada suspiro es como un sorbo de vida del que uno se deshace. Cuando nace su primer hijo, José Luis, compagina sus funciones como profesor y consultor. “Tenía un horario muy intenso, las famosas diez mil horas de consultoría que uno ha de tener, quería hacerlas lo más rápido posible. Estaba decidido a echar el pleito en este país“. La paternidad le obliga a sacrificar la docencia.

A los 31 años crea su propia firma de consultoría en fusiones y adquisiciones mientras mantiene su compromiso académico con artículos, conferencias y presencia en televisión. En 2004 publica su primer libro de desarrollo económico. Mas adelante la Universidad decide convertir en un libro un ciclo de sus conferencias. “Nunca me he sentido extranjero en el país. El nivel de aceptación ha sido impresionante. El dominicano no es anti extranjero”. Quizás por eso nunca se orientó hacia instituciones como la Cámara Española de Comercio y sí a organizaciones empresariales y ONG’s, incluso ocupando la presidencia de ANJE.

Casado en dos ocasiones, dice que por tener esposas norteamericanas ha podido enseñar a sus hijos ese sentimiento de cosmovisión del mundo. “José Luis y Graciela tienen esa visión. También el valor de lo que cuesta ganar las cosas. El significado del trabajo y del sacrificio. Del nivel de valentía y dedicación que tienen los que emigran“. La primera vez que regresó a España habían pasado diez años. Había decidido conocer primero Estados Unidos y estudiar en Boston. “Cuando fui tenía mi trabajo, mi apartamento y dos hijos. Mi mundo nada tenía que ver con los compañeros de mi infancia. Mi realidad era completamente diferente”.

Actualmente, socio director en Deloitte República Dominicana, dice que lo único que no ha podido interiorizar de la cultura dominicana es el béisbol y no le ata sentimentalismo ni morriña hacia España, pese a que reconoce que el fútbol forma parte de su vida. “Soy valenciano, hincha del Valencia y en casa se ha mantenido la cultura española. Voy a Fallas y disfruto de las tradiciones pero me considero ciudadano del mundo“.

Entró en la Academia de Ciencias hace seis años cuando falleció el sacerdote y economista José Luis Alemán. “Para mí fue un honor muy grande. Por eso creo que soy más útil para mi país, para República Dominicana, como influenciador de políticas económicas de lo que sería en España como economista “.

Su retiro lo ve improbable pero de ser necesario lo haría en la ciudad que le vio nacer. “Yo quiero morirme haciendo cosas pero si me retirara fuera de Santo Domingo lo haría en Valencia, una ciudad de un millón de habitantes, pequeña pero con una intensa actividad cultural, fútbol, toros y ópera. La ciudad ideal para mí... aunque también es cierto lo que dice un refrán español -el buey no es de donde nace, sino de donde pace-”.

TEXTO: Elena Crespo ; IMÁGENES: Suresh

Etiquetas: Extranjeros en RD

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