BACANA MAGAZINE hotel occidental punta cana
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Loma Redonda

Loma Redonda

Donde el silencio se alía con la paz. Los sueños descansan, los alcanzas o se disipan en las alturas? Ésta era la pregunta que rondaba por la cabeza durante la subida.

El camino rocoso y muy árido, como serpiente blanquecina por el polvo, mostraba las curvas y hacía que la adrenalina tratase de ganar la competencia. Su borde izquierdo era la tentación al desequilibrio y una movida en falso te haría caer al vacío. La vegetación en el verde matizado de los árboles, contrastaba con el amarillo de la madurez del mango. La frutas quedaban tiradas en el borde del camino ante el temor del viajero de parar el vehículo y recogerlas por muy tentadoras que resultaban por el color y la abundancia. La impaciencia por alcanzar la cúspide, paraba los relojes ante el deseo de llegar al punto más alto y en ese debate recorría los más de ocho kilómetros que nos separaban de la cima. “Loma Redonda”, se había convertido sin saberlo en un reto para el chófer que a la entrada sólo encontraba una pequeña señal que le indicaba el inicio de la subida. Avanzar cada metro empinado requería destreza y acercarse una medida al espacio, potenciaba el sentimiento de oxigenar los pulmones con la pureza de un aire contaminado únicamente por la respiración humana. Suspiro profundo al estabilizarse el terreno y no tener la sensación de que la gravedad tiraba de tus espaldas. Llegar al destino suponía la paciencia de unos minutos que se convertían en algo más que el deseo de la cima y el terror de la sima.

¿Cómo esconder tanta maravilla en las alturas? Imposible imaginar que a 329 metros sobre el nivel del mar nos esperen columpios, sí, esos que cuando niños encontrábamos en cualquier parque de barrio: cuerdas de acero y asiento de madera.

Te sientas y empieza la aventura espacial con el movimiento. La vista panorámica en la que los diferentes planos acuáticos y terrestres se combinan, forman parte de ese universo mágico que encanta a los ojos. Aparece la “Laguna Redonda” con sus aguas saladas y la naturaleza casi intacta, solamente modificada por los caminos transitados y carreteras que se ven a lo lejos como hilos dentro del paisaje. Las hamacas que en cada ir y venir, te ponen un paso adelante otro atrás entre el abismo y la tierra firme. ¿A que no imaginas que un sueño pueda moverse tan rápido entre el ser y no ser? Atrévete, siente como un paraje sin fin se percibe controlado por un movimiento en el que un pie en el piso te hace volver a la realidad de una cúspide que has conquistado. Eres vencedor del espacio, eres el retador de un camino que por muy empinado, termina rendido por tu capacidad de seguir adelante. “Loma Redonda” reduce la elevación y te mece, te hace volar el sueño que se balancea entre el ir y venir del compás de un columpio. Tu cuerpo siente la brisa más o menos fuerte en dependencia de tu voluntad de darle más fuerza a tus pies como motores.

El aire escapa de los pulmones, se recupera y el derroche de sensaciones enigmáticas después de un día de mar en las cristalinas aguas de “Playa Esmeralda”, se encuentra en el azul del cielo que parece más cercano al llamado paraíso.

¿Con qué nos quedamos? Difícil la elección, “Miches” nos ha dado diferencias que terminan uniéndose en colores de azules cielo y verdes marinos en pocos kilómetros.

Enigmática una silla, solitaria que se posa al lado de uno de los columpios para aquel que prefiera ver los sueños desde una posición más terrenal. Espera a que si no te gusta columpiarte o mecerte en una de las hamacas, te sientes en ella, descanses y que por más conservador, no dejes de ver más allá que aquella ave que pasa y a esas alturas ha emparejado su vuelo con el tuyo. Allí está también para que te acomodes y sin presiones, sin la fuerza propia o de la ajena que te empuje, percibas que el mundo es tan pequeño como tu puño cerrado o tan inmenso como el balanceo del columpio que al filo del abismo, da marcha atrás y te coloca nuevamente en terreno seguro pactando con la gravedad, y sin tiempo al pensamiento te lanza al reto del adelante.

La forma redonda o de cualquiera de las geometrías de este lugar bendecido por las alturas, te hará sentirte querido por lo que no alcanzan tus pies. Tu infancia regresará momentáneamente en cada balanceo y la adultez , abrazada por los años, hará pacto entre columpios y cielo.

TEXTO: Tatiana Antelo IMÁGENES: Suresh

Etiquetas: Destinos

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